Translate

lunes, 17 de junio de 2013

LO QUE NUNCA TUVIMOS

La playa a la que nunca fuimos, la película que nunca vimos juntos, los animales salvajes que nunca fotografiamos, el partido de fútbol que nunca disfrutamos, los caminos abiertos que nunca paseamos juntos, las manos que nunca me diste, las palabras que nunca me dijiste al oído, los lugares de los que siempre me hablabas y nunca me enseñaste, el corazón que nunca me abriste, las cenas a las que nunca me invitaste, las cervezas que nunca bebimos juntos, los amigos que nunca nos presentamos, las canciones que nunca tarareamos juntos, el lado del sofá por el que nunca nos peleamos, los libros que nunca leímos juntos, el periódico que nunca separamos en dos, el paraguas que nunca abriste para mí, las velas de cumpleaños que nunca soplamos juntos, los helados que nunca comimos a medias, las llamadas que nunca sonaron, los constipados que nunca nos contagiamos, las ventanas por las que nunca nos asomamos juntos, el beso que nunca nos dimos bajo el muérdago, las flores que nunca me cortaste, las cajas que nunca abrimos juntos, el sueño que nunca me interrumpiste, las charlas de madrugada que nunca nos desvelaron, el amanecer que nunca nos sorprendió abrazados, las carreras que nunca hicimos por el pasillo, el regreso del trabajo que nunca celebramos juntos, los platos que nunca puse en la mesa y tú nunca recogiste, el cepillo de dientes que nunca me quitaste, los regalos que nunca envolvimos juntos, la lista de la compra que nunca olvidaste, los masajes de pies que nunca nos dimos, la manta que nunca te robé, el café de la mañana que nunca me preparaste, el mando a distancia por el que nunca discutimos, el abrigo tuyo que nunca colgué en el armario, la depilación a la cera que nunca nos hicimos el uno al otro, la tableta de chocolate que nunca nos acabamos viendo la tele, la camiseta tuya que nunca usé de pijama, la bufanda que nunca te tejí, los charcos desde los que nunca te salpiqué, la partida de parchís a la que nunca te gané, los karaokes que nunca nos montamos en penumbra, las bromas que nunca nos gastamos, la pelea de almohadas que nunca hicimos, la última galletita salda que nunca te comiste, la alarma del despertador que nunca nos despertó, las piedras que nunca tiramos al río, los brazos que nunca nos recibieron, los planes que nunca hicimos juntos, la basura que nunca bajaste, las veces que nunca te sorprendí, el deseo que nunca nos dejó sin cenar, las cosquillas que nunca te hice, la piscina en la que nunca chapoteamos juntos, el columpio en el que nunca me balanceaste, el mosquito que nunca te picó más a ti que a mí, el libro que nunca te dediqué, el te quiero que nunca te dejé en la puerta del frigorífico escrito en un post-it, el horrible pastel de fruta que nunca hice para ti, las maletas que nunca arrastramos juntos, la felicidad que nunca nos delató, la vida entera que nunca nos compensó juntos.
Todas esas cosas y muchas más son las cosas que nunca tuvimos y nos harían falta.
 
 
 
 


martes, 11 de junio de 2013

DE AÑORANZA, VIDA Y PUNTO FINAL


"Una vez que cierra la puerta detrás de ella, me levanto, me visto, y pongo pies en polvorosa. No tengo ningunas ganas de que me cojan lástima, no deseo que nadie cuide de mí. Está bueno, soy mayor de edad, puedo elegir mi gravedad, escoger incluso su duración, me agrada tener fiebre, que las amígdalas se hinchen y revienten de pus. Lo mejor que podría suceder sería coger una pulmonía incurable, morirme. Tal vez así logre que Samuel acuda para mi funeral. ¿Qué ganaría con ello? Para lograr su retorno, mejor dicho, mi muerte, no tengo que esperar una enfermedad, con suicidarme tengo. Total, no perdería gran cosa, salvo la vida. De todas formas algún día la perderé, acabará mi banal existencia. Matándome adelantaría los acontecimientos, me ahorraría una buena cantidad de trámites intrascendentes. Desciendo las escaleras a toda prisa, tropiezo con la alfombra, los pies de me enredan, casi caigo al vacío y en lugar de abandonarme al abismo, me aferro al pasamanos aterrorizada de partirme una costilla, o la cadera, o de fracturarme una pierna. ¿Pero, hace unos segundos no anhelaba la muerte? ¿Qué hago salvándome? Es que la simple visión de mi cerebro reventado me da náuseas, es más, padezco de vértigo. Cobardona, quien así piensa no sería capaz de atentar ni contra el dedo gordo del pie, no tendría la valentía de triturarlo de un martillazo. Ya una vez jugué a la ruleta rusa. Samuel, tú estabas presente, pero seguro no te acuerdas. ¿Lo recuerdas o no? mejor me lanzo al Sena. Del carajo y la vela, teniendo allá un mar tan bonito como es el mar Caribe querer tirarme a ese río estúpido y cochambroso. Si ahora mismo las agencias de viaje estuvieran abiertas, y yo pudiera trasladarme libremente, me compraba un billete de avión, nada más que por ir a matarme a mi playa. ¡Coño, que ni siquiera puedo escoger suicidarme hermoso, en el lugar elegido por mí para efectuar mi acta de defunción, el que me pertenece por acta de nacimiento! Aunque no creo que sea nada heroico que los tiburones se banqueteen con una. La verdad es que yo no voy a ver ni a enterarme de nada, imagino que sea cuestión de segundos. ¿Qué sucederá con mis ojos? Se los zamparán los tiburones como un par de aceitunas. Ten en cuenta, Marcela, que no verás nunca más. Todo será oscuro, muy oscuro. Tal vez no, y haya mucha luz. Tanta iluminación líquida que me obligue a cerrar los párpados y no pueda ver. Pero ya no habrá párpados ni ninguna otra cosa. ¡Ay, no p’a su escopeta, yo no podría renunciar a la vista! No puedo renunciar ni siquiera a leer los periódicos, aunque sólo hablen del lado abyecto de la humanidad. El amanecer, huélelo, estás viva, pasa la lengua por tu sudor, estás viva, pellízcate el vientre, los senos, estás viva, escucha el canto de los gorriones, estás viva, ¿serán gorriones? No, imposible, aquí no hay esa especie de pájaros, ¿y por qué no? Cabe la posibilidad de que los gorriones de Aquella Isla hayan emigrado hasta acá, expresamente para visitarme, están cantándome al oído mi paisaje extrañado. Observa la claridad en sus pequeñas pupilas, ¡oh, sí que son mis gorriones! Está surgiendo el sol por una punta de la calle, el mismo que seis horas atrás recalentó mi tierra. ¡Oh, la mirada, armonía extrañada! Estoy viva."
 
 
Nota: Esto no, no lo he escrito yo, es un fragmento del libro "Café nostalgia" de la escritora cubana Zoé Valdés. 
Y lo he transcrito aquí tal cual, porque sí, porque me ha dado la gana. Si hay algún sentido más allá, es asunto mío.  ¡Porque SOY LIBRE! Porque éste es mi blog, porque tú deberías seguir mirando para otro lado y estamparte también contra el mar, eso sí, elige un mar que no sea el mío.

 

miércoles, 29 de mayo de 2013

SI ALGUNA VEZ FUI FELIZ...


La vi aquella primera vez, en un lugar un poco extraño, y me llamó la atención. Parecía tímida, algo asustada tal vez, frágil, hermosa, imperdonablemente distante. Rozó mi mejilla con un beso suave y susurró su nombre.
Su sonrisa era escasa y sincera, y sus grandes ojos de miel me miraron con agrado, con curiosidad, expectantes, ilusionados. Se me fue el corazón en mirarla, se me fundió el deseo de tocar su piel con la imperiosa necesidad de huir.
Pero allí me quedé, para joderle la vida un poco más de lo que ya la tenía. Sin piedad.
Un café, una charla, una oportunidad, y quedé atrapado. Sabiendo que acabaría abandonándola, sin poder arreglar su desgracia, sabiendo que le haría daño y sin querer hacérselo, le hice más del que ella podía soportar.
Luego un encuentro, mi corazón y mi cuerpo en ella, por algo pasajero que no sé si hubiera tenido que suceder.
Y cada vez más en sintonía, unión perfecta, destino macabro.
Se enamoró de mí sin yo quererlo.
Fui como una tabla de salvación en su dolor, pero yo estaba ocupado, comprometido, atado, infeliz en mi comodidad, asustado, devastador como un incendio.
Magreé sus sentimientos y sus labios, volví, me fui, volví, así unas cuantas veces. Siempre deseando que algo cambiara, algo superior que me diera fuerzas, y voluntad, y sentimientos. Lo encontraba a ratos, mi cabeza a punto de explotar.
Le rompí la ilusión de una sola vez, con el tiempo se curaría, con el tiempo me olvidará y pasará la página, con un poco de suerte no me odiará.
Quisiera volver, lo antes posible, hacerla mía de nuevo, tenerla para siempre, hacerla feliz y sacarla del infierno, pero estoy atado, y tengo miedo, por motivos que no puedo decir.
Supongo que soy un cobarde, se lo dije, y ahora más que nunca me dará la razón. Debería dejarlo todo por ella, correr a su encuentro, cogerla de la mano, abrazarla y fugarnos juntos para empezar toda esa vida que nos haría felices.
Pero aquí estoy, parado, congelado, tal vez mintiendo, sabiendo que ella no puede dejar de llorar.
¿Seguiré donde me hallo, infeliz, desgraciado, cruel, con una vida por delante que no me agrada? ¿Seré capaz de no volver con ella aún sabiendo que ella me lo daría todo y por primera vez en mi vida sería realmente feliz?
Ella y yo estamos hechos el uno para el otro, pero por una razón que no puedo decir, lo estoy jodiendo todo.
¿Seré capaz de arreglarlo?
 
 
 

martes, 28 de mayo de 2013

"CARTAS DE UNA MUJER DESENAMORADA", MI SEGUNDO LIBRO ONLINE

                                                                           www.amazon.es 
 
 
Aquí inserto el primer capítulo de mi segundo libro titulado "CARTAS DE UNA MUJER DESENAMORADA", lo podéis encontrar online en Amazon, la descarga cuesta sólo 2'99 euros, no hace falta tener un e-reader, se puede descargar por distintos sistemas, directamente a tu ordenador.
Espero que os gusten estas cartas de desamor y amor o amor y desamor, según se mire.
 
 
 
"29 de Diciembre
      Si tú me hubieras dicho ven, yo lo hubiera dejado todo, pero no me lo dijiste. No sólo no me dijiste ven, sino que te fuiste sin decir adiós, cerrando todas las puertas de golpe contra mis narices, de la forma más cruel, cerrando todos los caminos que pudieran llevarme a ti. Yo no deseaba otra cosa más que estar contigo y me negaste siquiera la oportunidad de intentarlo. Me negaste hasta la última palabra que de tus labios saliera hacia mí. Ni dijiste adiós, ni dijiste ahí te quedas ni dijiste no quiero saber nada más de esto. Pero esto ¿qué era? ¿Qué es lo que había entre nosotros? Por mi parte la intención de todo, por la tuya no lo sé, tal vez ni te lo habías planteado o te lo estabas pensando o necesitabas más tiempo o estabas esperando a que sucediera por sí sólo.
       Ahora mismo siento el alma vacía y el corazón destrozado. Me has dejado rota por completo y el dolor es aún más inmenso cuando pienso que tal vez no te esté importando. No sé de qué manera podrías estar pensando en mí, si es que estás pensando, si es que el recuerdo de mi cara o de mis besos o de las caricias de mis manos pasan algún segundo por tu mente. No sé nada y esta duda me hiere de tal manera que me quita las ganas de vivir. Y ahora me va a tocar vivir fingiendo, fingir continuamente que tengo fuerzas y ánimos para hacer cada día las cosas que tenga que hacer. Fingir continuamente que me ocupo de lo importante que tengo pendiente y por lo que tanto he luchado en los últimos meses cuando realmente sólo me ocupo de pensar en ti. Cómo dominar la noche para que recoja mi sueño tranquilo y no mis lamentos y mis lágrimas de amor.
            No puedo entenderlo, en qué maldita hora te dije lo que nunca debí decir, aquello que no necesitabas saber porque probablemente no se haría efectivo. Por ello me maldigo cada hora que pasa, a cada minuto me digo que dichosa boca la mía que todo lo tiene que soltar, siempre inoportuna, siempre verdadera, siempre impulsiva. Me maldigo y maldigo todo a mi alrededor porque ya nada tiene sentido si tú no estás conmigo, si ya no quieres verme, si has decidido que no soy la mujer de tus sueños, la mujer que te conviene, la mujer que deseas, la mujer que te haría feliz, la mujer que tú esperabas.
         Te diría “lo siento amor”, pero no me dejas."
 
 
¿Te ha intrigado?, búscalo en Amazon y descárgatelo por 2'99 euros. Fácil, rápido, y barato. Que lo disfrutes, que lo sientas, que te llegue, te emocione, te haga reír, y llorar, y sentir, y a tu manera, te quede para siempre en el corazón. Pues de mi corazón salió.
 
 


viernes, 17 de mayo de 2013

LA COLEGIALA (CAP. 10)


(...CONTINUACIÓN)
 
...Ya es mediodía y el fluir de posibles compradores empieza a resultar molesto. Sofía mira por todas partes, demasiadas tiendas, demasiados escaparates, demasiados hombres que huelen bien, allí hay uno que lleva un chaquetón de paño impecable, zapatos lustrosos y repeinado con fijador, moreno. Puede ser él. ¡Sebastián! Está mirando el escaparate de una perfumería. Fijo que es él. Ella corre hacia el objetivo, pero el objetivo se escabulle por otro pasillo. Les sigue dando codazos a los demás. Algunos la reconocen y se apartan, otros parecen andar por babia y no se dan cuenta, en la carrera derriba a unos jovenzuelos, y a una señora mayor, y a una señora con bastón y casi a un señor delgadito. ¡Mierda! Se me va a escapar, siempre igual. El objetivo entra en una tienda de ropa de caballero, trajes que se hacen a medida. Fijo que es él. Se asoma a la tienda, no lo ve, igual está en el probador. Espera en la puerta, no quiere despertar sospechas. Una niña se para a mirarla ¡Mamá, mamá, es la colegiala! Calla niña. Vamos niña, ni la mires, es una mala mujer ¡qué vergüenza! Puta madre. Pasan los minutos y de la tienda no sale nadie, se asoma varias veces y no lo ve. ¿Cómo es posible? Ah, que es presumido y le lleva tiempo mirarse al espejo, no sé de qué me suena eso. Empieza a ponerse nerviosa. Pasan dos adolescentes y se la quedan mirando estupefactos con la boca abierta y los ojos casi en blanco. ¿Qué? Ellos no dicen nada. ¿Qué pasa con vosotros? ¿Queréis que me desabroche la camisa? ¡Sí, sí, sí! La puta hostia, cada vez se espabilan antes ¡niñatos de mierda! Uno saca un ticket del bolsillo. ¿Me firmas un autógrafo? Ahora no puedo. ¿Por qué? No estás haciendo nada. ¿Y a ti qué coño te importa? Y sí, estoy haciendo algo. ¿El qué? ¡Pero niño! Hay que joderse. No soy un niño, la tengo ya bien grande ¿sabes? Ella le mira el paquete, pone los ojos en blanco. Ya. Bueno tía, ¿qué, me firmas el autógrafo? ¡Joder!, vale, trae aquí el puto papelito. Le da el ticket y un bolígrafo. Ella hace un garabato como firma. El chaval lo mira. Lo quiero dedicado. ¡La hostia puta! A ver, ¿cómo te llamas? Carlos Andrés. ¡La hostia puta! Ella escribe unas pocas palabras mirando de reojo la puerta de la tienda. Sale el objetivo tan rápido que no puede reconocerle bien, si será Sebastián u otro puto mequetrefe que se le parece. Toma niño, tengo prisa. Le suelta el ticket en la mano, el jovenzuelo lo lee: “Querido Carlos Andrés, ¡jódete! PD: Y la tienes pequeña”. Sofía corre tras el objetivo, la gente se cruza por medio. ¡Mierda!, siempre igual. Aparece un trabajador del centro comercial disfrazado de payaso haciendo publicidad de uno de los restaurantes, le impide el paso. Hola guapa, si vienes a comer aquí el menú especial de la casa te sale por sólo 12 euros con noventa y se compone de… ¡Pum! La colegiala le ha medito una bala entre ceja y ceja. El payaso cae al suelo de una pieza. El vacío se hace a su alrededor, algunos corren, otros tiemblan, otros aplauden ¡Viva, mataste al puto payaso publicitario! ¡Es la colegiala! ¡Mira tío, la colegiala, se acaba de cargar a uno! ¡Qué buena está! Pues no es para tanto. ¡Vamos, vamos, que tiene muy mala leche! Ella está rabiosa, ha perdido el objetivo. Mira al payaso en el suelo, le toca la pierna con la bota, muerto total. Da igual, le ha jodido el tema. Lo remata de otro disparo. Por si acaso payaso cabrón. Y se marcha dando golpetazos en el suelo de pura mala hostia, y apretando los puños, y gruñendo. Vuelve a la tienda de lencería, la dependienta ya está en su puesto. Se me ha escapado por culpa de un puto payaso. ¡Joder! Pues sí. Ve al piso de abajo, tal vez esté por allí, ¿no buscabas unas botas? Ah sí. ¿Te acompaño? No bonita, mejor voy sola, me apaño mejor. Si no lo encuentro buscaré en su calle. Si es mentira, ya sabes, volveré. Lo sé. Vale. Sofía se marcha, escaleras mecánicas abajo, se aburre de esperar que rueden, salta y corre por entre la gente. Se acerca a la zapatería y mira el escaparate. Hay algunas botas parecidas a las suyas pero no es lo que busca. Tendré que mirar en otro sitio o buscar en internet. Bueno, voy a recoger mis bolsas y me largo, se me han quitado las ganas de comprar. El maldito Sebastián me ha jodido el entretenimiento, ya lo encontraré otro día, ahora ya sé dónde vive y puedo ir en cualquier momento. Mientras se larga del centro comercial todos la miran, o casi todos, algunas chicas se fijan en el logo de las bolsas y van corriendo a esa tienda para comprar lo mismo que la colegiala. Sofía ya está en la calle y llama un taxi ¡taxi, taxi! Aparecen tres, pero ella se sube al segundo porque el taxista le gusta más. ¡Por fin uno joven! ¿Vas a correr? Si quieres. Vale, corre. Y le da la dirección de su casa. Y llegan a su casa enseguida y ella le dice que aparque y suba, que no le importa pagar la carrera, pero el joven taxista le dice que se la regala porque le compensa que va a estar con ella, nada más y nada menos que la colegiala, la diosa de los taxistas. Deberían hacerte una réplica en muñequita con ventosa para que todos te pudiéramos llevar en el taxi, arrasarías seguro. No será para tanto. Dentro de un rato te lo digo. Ah, vale. Suben a la casa, se meten en la cama y se dan el lote, una vez, dos veces, tres veces, toda la tarde, toda la noche. ¿Y ahora? Ahora ya puedo decir que sí, eres para tanto y mucho más. Pero no se lo cuentes a los otros. ¿Nooooo, por qué? Luego querrán todos hacer lo mismo. Vaaaale, no lo contaré. Gracias. Y el joven taxista se marcha y ella se mete en la ducha y se pone a cantar como una loca qué bien me lo he pasado, qué bien me lo he pasado.
 
(CONTINUARÁ...)
 
 

viernes, 10 de mayo de 2013

LA COLEGIALA (CAP. 9)

(...continuación del cap. 8)
 
"Mejor, estoy harta de dar codazos. Primero pasea un poco viendo los escaparates, los que la reconocen se la quedan mirándola con cara de bobos algunos y otros de sorpresa y otros de miedo. Los niños la idolatran. ¡Mira mamá, es la colegiala! Pues vaya, de cerca parece más bajita, dicen las madres. Los padres no dicen eso, dicen de cerca está más buena. Ella ni caso, está acostumbrada aunque le joda no poder pasar desapercibida. Pero tiene sus ventajas, a veces la ayudan y otras le regalan cosas, se está ahorrando un montón de pasta que guarda para su deportivo. Entra en una tienda de lencería. Hola, necesito un montón de ropa interior, resistente y bonita, muy sexy y que no se pase de cara. La miran con ojos como platos. Elige lo que quieras, te haremos un buen descuento. Ella se llena los brazos de prendas, se dirige a los probadores. ¿Necesitas ayuda? ¿Cómo? Con las tallas, digo. Ah no, me las sé de memoria, gracias. Bueno, si necesitas algo lo dices. Claro. Se mete en un probador, se quita su ropa, tarda en hacerlo diez minutos, le gusta mirarse al espejo para desnudarse, y para vestirse. Se regodea de su propio cuerpo, ¡qué buena estoy! Normal que me admiren, ¡puta madre! ¿Decías algo? ¡Nada, que este corsé es de puta madre! Ah, vale. Al cabo de mucho rato y varias preguntas de ¿cómo va?, ¿necesitas algo?, la colegiala sale del probador. ¿Te quedas algo? Esto y esto, esto también, y esto, esto… sí, también, y esto otro, esto no sé, bueno, sí, también me lo quedo, y esto. Esto no. Sólo una prenda deja apartada. Las demás clientas se acercan a mirar, incluso con descaro intentan mirar la talla ¿Qué pasa? Nada, dicen las curiosas que se arremolinan como buitres a coger prendas iguales. Le llenan tres bolsas con todo lo que se ha comprado, le cobran la mitad de lo que valdría, puta madre, salimos ganando, gracias colegiala por arreglarnos el día, hoy lo vendemos todo, al menos todo de lo mismo que tú te llevas. ¡Envidiosas! Si es imposible que les quede igual. Ellas se hacen la ilusión. Bueno, qué más da, no puedo solucionar la estupidez en el mundo. Vale, gracias, vuelve pronto. ¿Me firmas un autógrafo?, dice una de las dependientas. ¿Por qué? Soy seguidora tuya. ¿Por qué? Eres valiente y decidida. ¡La puta hostia! Si me dejas acompañarte a la siguiente tienda te cuento una cosa. ¿De qué? ¿Se llama Sebastián ese que buscas? Sofía le mira frunciendo una ceja y le sonríe con la boca abierta de par en par. Vale, vamos, pero como me cuentes mentiras te mato. Ya lo sé. Ah, vale, vamos. Se dirigen a la tienda siguiente, una zapatería. Necesito unas botas nuevas. Se queda mirando el escaparate del calzado masculino. No veo nada que me guste. Es que esta zapatería es de pijos, deberías mirar en el piso de abajo, allí hay una zapatería bastante más heavy. Ya lo sé. ¿Por qué no tomamos un café? ¿Por qué? Así te cuento tranquilamente. Bueno, pero yo tomaré una cerveza. Claro, lo que quieras, yo te invito. Puta madre. Se meten en una de las cafeterías, piden una cerveza y un café con leche. La gente las mira. La dependienta presume de estar con la colegiala, levanta la cabeza orgullosa y desafía a los mirones. ¿Qué haces? Me estoy dando el gustazo. Bueno, pero tendrá que valer lo suyo lo que me vas a contar. Claro. Empieza. La dependienta se hace la interesante, Sofía acaricia una de sus cartucheras. Vale, vale, ya empiezo. Esta mañana, nada más abrir, ha pasado por delante de la tienda un chico que parecía Sebastián. ¿Tú cómo sabes cómo es Sebastián? Vivo en la esquina de su casa, le veo a menudo, está frente a la tienda de repuestos de automóvil donde te quedaste flipada al verle la primera vez. Sólo le he visto una vez, puede que esté equivocada con su descripción. Es moreno, alto, muy atractivo, viste con gusto y huele de maravilla. Puede ser, sí, coincide bastante con lo que recuerdo. Es. La colegiala piensa. Así que sabes dónde vive. Claro. Dímelo. Bueno, al menos ahí viven sus tíos, pero no sé si él todavía vive con ellos, desde luego le veo muchas veces entrar y salir. Ya estamos. No, en serio, pero lo puedo averiguar. DEBES averiguarlo. Claro. Bien. Esta mañana está por aquí, bueno, si no se ha marchado ya. Ya estamos. Estuvo en esta misma cafetería tomando un café. ¿Cuánto hace de eso? Una media hora larga antes de que tú llegaras. Pues debe estar aún por aquí. Quién sabe, igual es rápido. Igual no ha venido de compras, sólo a tomar un café. O a otras cosas. O ha quedado con alguien. O trabaja aquí. Lo dudo. Ya estamos. La colegiala se impacienta. O eres algo más concreta o me largo. Cuando salió de aquí se fue por ese pasillo. Vale bonita, gracias por la información, me largo, si me has mentido volveré. Lo sé. Vale. Se marcha corriendo de la cafetería y se va por el pasillo indicado."
 
(Continuará...)
 
 

martes, 7 de mayo de 2013

ME GUSTARÍA QUE...


Me gustaría escribir palabras que nadie olvidara, que hicieran latir el pulso en las noches heridas y oscuras, para que otras personas lejanas a mí, que no me conocen, pudieran dormir en un paisaje con mar de fondo y al igual que yo, escuchar su voz milagrosa, y sanar, y pensar que todo es posible.
Me gustaría que alguna vez, sólo por saber qué es eso, desapareciera mi invisibilidad y al abrir la boca nadie resultara envenenado. Sueño con estar frente al mar en un pequeño trozo de isla griega, lejos de lo que conozco, de todo eso que desea más que yo que me vaya lejos.
Me gustaría que algún día, estuviera donde estuviera, alguien hermoso y feliz se sentara a mi lado sin miedo, y me contara su vida y sus sueños, que posara su mano cálida en mi brazo y no huyera cuando yo le mirara, que se atreviera a leer y sentir, y entender, lo que estoy escribiendo, que le gustara pasar el dedo por la línea de mis palabras.
Me gustaría que algún día las cosas pasaran sin que yo tuviera la culpa.
A veces me gustaría soñar que no tengo sueños, que puedo vivir sin esperas, que las estaciones no existen, que sólo hay un color con el que pintar, que el mar no va y viene, que no suena la música, que no hay flores en el jardín y que puedo escapar.
A veces me gustaría soñar que sólo existen la noche y el silencio, que no hay risas tras de mí, que no tengo la obligación de moverme, ni de ser, ni de soñar que sueño.
Me gustaría que no hubiera espacio que yo pudiera ocupar, así tendría que evaporarme como el mar en verano y jugar con las nubes mientras viajamos inocentes por encima de una isla griega. Me gustaría no ser consistente para no dejar huella.
Sueño a veces con no soñar porque así los sueños ajenos se cumplirían, sueño con acallar definitivamente mi voz, que mi boca se cierre, que mis ojos no vean, que mis manos no escriban palabras que resultan efímeras en los ojos de alguien que no sabe soñar. Sueño a veces también que el mar no quiere que le mire.
Sueño que mi hombre amado viene a rescatarme y en su sonrisa abierta aprendo que para ver la luz hay que asomarse a la ventana, que no sólo el mar tiene agua, sino también los ríos y los pequeños estanques, y que si piso los charcos es sólo agua lo que mancha mis pies.
Pienso que si se cumplieran mis sueños, yo lograría ser feliz, y mucha más gente también, y el amor desinteresado rodaría por las montañas mezclado entre la nieve.
Me gustaría que mi hombre amado viniera a mí y me cogiera de la mano ante todos, que calmara con sus palabras las palabras que a mí se me atraviesan, que destruyera con su mirada todo el infortunio que me envuelve, y el odio, el rencor, la ignorancia y la muralla de espinas afiladas. Sueño con el calor de su cuerpo atenuando mis temblores y sus besos en los míos alegrando mi día tonto. Sueño que me lleva en brazos y entonces sonrío y nada malo me puede ocurrir.
Me gustaría tener un sueño nuevo que fuera más sencillo, que no lo tuviera nadie más que yo, pero luego pienso que daría igual porque adónde van mis sueños siempre hay un abismo en el que caen y se estrellan contra el suelo haciéndose añicos sin darme siquiera la oportunidad de recuperarlos para llevarlos a otro sitio más benévolo, más generoso, más seguro.
Me gustaría pensar que la suerte alguna vez se reconciliará conmigo, al igual que las personas, y las palabras, y entonces mi vida será fluida y viajera, y el maravilloso contenido de mis frases revoloteará ágil y alegre como una mariposa sobre los sueños recién soñados de esos que ahora ansían soñar pero no tienen quién les enseñe, quién les ofrezca la llave que abre la puerta de la fantasía.
Sueño que algún día las palabras de mis libros se cuelen descaradas entre las neuronas adormecidas por el elixir de la subvencionada y anodina realidad y por fin alguien despierte y descubra que nada más bello que su sonido puede llegar tan lejos.
Me gustaría no tener un soplo en el corazón y me gustaría también que alguien alguna vez supiera que tengo un corazón. Un corazón que no es débil, que late con fuerza, demasiada fuerza para mi cuerpo pequeño que tanto confunde. Me gustaría que algún día mi corazón se ocupara tan sólo de latir por mi hombre amado y las palabras que me salen sin querer se derritieran antes de llegar al infierno.